Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados

tenía que apoyar la piel directamente sobre el suelo.
Más tarde, el visitante se acercó a la puerta y apoyó una mano sobre la madera.
Aurelio comprendió que deseaba salir.
No intentó detenerlo.
Tampoco sabía cómo preguntarle adónde quería ir.
El pequeño regresó junto al banco, miró sus zapatos y después las manos del hombre que los había fabricado.
Permaneció así un buen rato.
Para Aurelio, aquella mirada fue suficiente.
El cansancio terminó por vencerlo.
Se quedó dormido sentado, con la espalda contra la pared.
Cuando despertó, la puerta estaba