a desaparecer del resto del terreno, dejó de distinguirse aquella diferencia.
Entonces bajó y abrió el taller.
No contó lo sucedido.
Los soldados continuaron haciendo preguntas durante un tiempo. Aurelio pensaba en la bota que había reparado y en su explicación sobre los zapatos de Rosa.
También temía que el relato cambiara la manera en que el pueblo lo miraba.
Vivía de la confianza de sus clientes. No sabía cómo reaccionarían si afirmaba haber escondido a un ser que él mismo no podía describir con certeza.
Guardó el papel en
Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados