El pequeño desconocido seguía sentado cerca, mirándolo trabajar.
Aurelio empezó a hablarle mientras cosía.
Le explicaba las puntadas, como su padre había hecho con él.
Pero una mañana entró un soldado.
Llevaba una bota despegada y quería repararla en el momento. Mientras Aurelio trabajaba, comentó que su grupo buscaba algo extraño en el cerro.
También preguntaban por un niño desconocido.
El zapatero cubrió discretamente la horma de cuatro dedos con un trapo.
El soldado vio las piezas de cuero.
—¿Para quién son esos zapatos tan pequeños?
Detrás de la cortina,
Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados