talló una nueva en un trozo de aliso, siguiendo el dibujo dedo por dedo.
Al amanecer, Mercedes apareció con café.
Aurelio salió a recibirla y dijo que tenía un encargo urgente. No encontró valor para explicarle lo que escondía detrás de la cortina.
Durante el día atendió a sus clientes y llevó agua al visitante. El pan que le ofreció quedó intacto.
La noche siguiente utilizó el cuero más suave que tenía.
Cuando se quedó dormido sobre la mesa, dejó las herramientas dispersas. Al despertar las encontró alineadas por tamaño.
Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados