pequeña finca conocida por toda la región.
Los visitantes acudían para conocer la historia del viejo tesoro.
Pero Ana nunca exhibía el oro.
Lo había depositado casi por completo en un fondo destinado al futuro de Daniel y a proyectos comunitarios.
Con ese dinero ayudó a reparar la escuela del pueblo.
Financió un pequeño consultorio médico.
Creó becas para estudiantes sin recursos.
Muchos no entendían por qué compartía una fortuna que podía conservar solo para ella.
Ella respondía siempre igual.
—La suerte solo cambia una vida de verdad cuando también