—La comandante Carter dirigió personalmente la evacuación cuando las condiciones empeoraron. Permaneció a bordo hasta asegurarse de que todos estuvieran a salvo.
Bajé la mirada.
—Solo cumplí con mi deber, Su Majestad.
El rey negó lentamente.
—Usted hizo mucho más que eso.
Alexander se acercó.
—Nunca olvidé lo que me dijo aquella noche.
Lo miré sorprendida.
Él sonrió.
—Me ordenó que dejara de hablar y conservara las fuerzas.
Sentí que una sonrisa involuntaria aparecía en mi rostro.
—Entonces debió de estar hablando demasiado.
Alexander soltó una carcajada.
Por primera vez,