—¿De qué?
—De que todos la admiraran más que a mí.
Aquella confesión me dolió más de lo que esperaba.
Durante toda nuestra infancia había intentado proteger a Rachel.
Cuando nuestros padres atravesaron dificultades económicas, trabajé durante los veranos para ayudar con sus estudios.
Cuando se mudó a Nueva York, pagué parte de su alquiler.
Cuando perdió su primer empleo, fui yo quien respondió a sus llamadas de madrugada.
Y ahora descubría que mi hermana no me había excluido porque sintiera vergüenza de mí.
Me había excluido porque temía que