mi exesposa tuviera una emergencia.
—Era mi hijo.
—Tú firmaste los poderes —replicó—. Si esto sale a la luz, tus socios sabrán que firmabas sin leer y que pasaste años sin visitar al niño. Si yo caigo, tú también vas a quedar mal.
Su amenaza ya no me hizo buscar una salida. Le dije que mi reputación podía soportar preguntas, pero Mateo ya conocía la peor respuesta: su padre no estuvo cuando lo necesitaba. Me fui sin gritar. Antes habría arreglado todo en privado para proteger mi nombre; ahora quería