Me mostró recibos con firmas parecidas a la de ella. Los fotografié y pregunté por qué el fideicomiso no tenía un rastro claro de los pagos.
—Los divorcios son complicados —respondió—. No puedes creer cada historia que te cuentan.
Puse sobre la mesa la lista de números bloqueados. Su sonrisa desapareció un instante.
—Tu oficina filtraba mis llamadas —dije—. También bloqueó el teléfono del hospital.
Esteban se recargó en la silla. Aseguró que protegía mi agenda de conflictos personales y que yo no podía interrumpir reuniones millonarias cada vez que