fue tan profundo que pudimos escuchar el motor de un automóvil pasando por la calle.
Entonces saqué la carpeta amarilla de mi mochila.
—Antes de que sigas mintiendo, papá, quiero que escuches una grabación.
Mi padre palideció todavía más.
Miró la memoria USB que había colocado junto a la fotografía.
—¿De dónde sacaste eso?
—De la caja que me entregaron cuando murió Daniel.
Al escuchar aquel nombre, Frank retrocedió hasta chocar contra el respaldo de una silla.
Mi madre comenzó a sollozar.
Y yo comprendí que, incluso después de diez