naranja al atardecer.
Por qué su mamá nunca habló de sus abuelos.
Por qué no había ninguna fotografía de su papá.
Hannah siempre respondía solo lo que podía.
—Tu papá era un buen hombre.
—¿Y mis abuelos?
—Algún día, mi amor.
Pero ese “algún día” llegó cuando Owen cumplió diez años.
Aquella noche, mientras partían un sencillo pastel de chocolate, el niño la miró con una seriedad poco común.
—Mamá… quiero conocerlos. Aunque sea una sola vez.
Hannah sintió que el miedo volvía a instalarse dentro de ella.
No era