por el rostro.
—Pensé que cuando ya estuvieran aquí Valeria terminaría aceptándolo.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
—Ese era tu plan.
Él me miró.
—Sabía que al principio te ibas a molestar.
—No. Sabías que yo diría que no. Por eso esperaste hasta que tus padres estuvieran literalmente dentro de la casa.
No respondió.
Andrea guardó los documentos.
—Todo esto debe preservarse. Los movimientos financieros, la solicitud de crédito, los mensajes y cualquier documento relacionado con la propiedad.
Diego dio un paso hacia mí.
—Valeria, no destruyamos tres