que olvidaba conversaciones y que ella había presenciado comportamientos extraños desde el accidente.
Elena fingió estar interesada.
—¿Y cómo sé que después no me van a echar toda la culpa?
Garrido rio.
—Porque nosotros sabemos proteger a quienes nos ayudan.
Elena acordó reunirse con él.
No se lo contó inmediatamente a Gabriel. Primero llamó a Marta y puso en conocimiento de la policía la propuesta.
Aconsejada por su abogada, acudió al encuentro llevando el teléfono preparado para registrar la conversación en la que participaría.
Garrido la llevó a un despacho