muñeca…
Y fue entonces cuando mi cuñada soltó un grito que dejó a toda la familia paralizada.
La cerveza fría me empapó el cabello y comenzó a escurrirme por la cara, mientras las carcajadas se extendían por el patio.
No me moví.
No porque tuviera miedo.
Sino porque el último hombre que había confundido mi silencio con debilidad terminó saliendo de una jaula de combate con el orgullo destrozado y una orden judicial de restricción.
Me llamo Valeria Salazar, tengo 35 años y vivo con mi esposo en Monterrey, Nuevo