en un restaurante.
Ella estaba colgada de su brazo.
El texto decía:
“A veces la vida te quita una mentira para darte paz.”
Leí aquella frase sentada en el suelo del baño.
No lloré.
Al menos, no al principio.
Solo miré la pantalla durante varios minutos intentando comprender cómo el hombre con quien había compartido doce años de mi vida podía creer algo así de mí.
Dos semanas después, Derek me pidió que nos reuniéramos en una cafetería.
Jessica llegó con él.
Se sentó a su lado como si aquel