nunca conoció a mi madre.
La niña señaló un conejo de tela que Marta había cosido años antes.
—La abuelita está aquí.
Lucía tomó el muñeco.
Notó una costura más gruesa en la espalda.
Dentro había un segundo casete.
En la etiqueta decía:
“PARA LUCÍA, SOBRE SOFÍA”.
Lucía comenzó a llorar antes de escucharlo.
Yo temí otro secreto.
Otra traición.
Otra herida.
Pero aquella vez estábamos equivocados.
Marta explicó que la canción nunca había pertenecido realmente a los Valdés.
Su propia madre la había aprendido de joven y se la