Volví antes de tiempo y encontré a una niña de 3 años lavando mi camisa. ‘Mamá está enferma, pero no podemos perder el trabajo’, me dijo. Iba a llevarla con su madre cuando empezó a tararear la canción que la mía cantaba antes de morir , hace 27 años. Entonces la niña dijo algo que ningún extraño podía saber kara.

Beatriz fue buena conmigo. No le debe nada a Adrián porque nosotros guardamos demasiado tiempo la verdad. Si Sofía conoce esta canción, que sea porque ahora pertenece a todos.”

Hubo una pausa.

Y Marta dijo una última frase:

“Las canciones son mejores que los secretos.”

Lucía lloró.

Yo también.

Pero por primera vez no había encontrado otra herida escondida.

Había encontrado permiso para dejar de vivir dentro de una.

Los meses siguientes cambiaron nuestra casa.

También cambiaron a Lucía.

Un día puso un sobre sobre mi escritorio.

—Renuncio.

—¿Qué?

—Quiero