terminar enfermería.
Había abandonado la universidad cuando su madre enfermó.
Agarré una pluma.
Lucía inmediatamente señaló mi mano.
—No.
—Todavía no he dicho nada.
—Conozco esa pluma. Es tu pluma de hombre rico resolviendo problemas con dinero.
No pude evitar reír.
—Entonces dime qué necesitas.
—Horarios estables hasta comenzar clases.
—Eso sí puedo hacerlo.
Terminó aceptando solo eso.
Lucía volvió a estudiar.
Sofía entró al preescolar.
Y yo descubrí que una niña de 3 años podía dirigir mi vida con mucha más eficiencia que cualquier consejo de administración.
Nuestra relación