de quedarse.
Abrí la caja.
—Lucía Mendoza, ¿quieres casarte conmigo?
—Sí.
Nos casamos la primavera siguiente en el corredor de bugambilias que mi madre había plantado.
Antes de que Lucía apareciera, Sofía puso en marcha una vieja caja musical.
La melodía comenzó.
Duerme, lobito.
La luna sabe tu nombre.
Cuando amanezca, sigue las bugambilias a casa.
Durante años esa canción me había llevado al peor recuerdo de mi vida.
Aquella mañana hizo lo contrario.
Vi llegar a Lucía.
Vi a Sofía sonriendo.
Vi a Ramiro al fondo, invitado pero todavía