Volví antes de tiempo y encontré a una niña de 3 años lavando mi camisa. ‘Mamá está enferma, pero no podemos perder el trabajo’, me dijo. Iba a llevarla con su madre cuando empezó a tararear la canción que la mía cantaba antes de morir , hace 27 años. Entonces la niña dijo algo que ningún extraño podía saber kara.

de quedarse.

Abrí la caja.

—Lucía Mendoza, ¿quieres casarte conmigo?

—Sí.

Nos casamos la primavera siguiente en el corredor de bugambilias que mi madre había plantado.

Antes de que Lucía apareciera, Sofía puso en marcha una vieja caja musical.

La melodía comenzó.

Duerme, lobito.

La luna sabe tu nombre.

Cuando amanezca, sigue las bugambilias a casa.

Durante años esa canción me había llevado al peor recuerdo de mi vida.

Aquella mañana hizo lo contrario.

Vi llegar a Lucía.

Vi a Sofía sonriendo.

Vi a Ramiro al fondo, invitado pero todavía