ojos.
Había planeado una cena.
Una terraza.
Velas.
Todo arruinado por una niña incapaz de guardar un secreto durante 30 segundos.
Saqué la pequeña caja.
Lucía empezó a llorar riéndose.
Me arrodillé.
Sofía se arrodilló a mi lado.
—¿Qué haces?
—Apoyo moral.
Miré a Lucía.
—Pasé gran parte de mi vida creyendo que amar a alguien significaba controlar todo para no perderlo. Mi familia hizo eso durante décadas.
Tomé su mano.
—Ahora sé que amar también significa decir la verdad y confiar en que la otra persona seguirá siendo libre