porque quería verlo una última vez.
Adrian parecía diferente.
Por primera vez desde que lo conocía, su traje estaba arrugado.
Tenía ojeras.
Y no llevaba aquella expresión de hombre que siempre tenía una solución para todo.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo.
—Ya hablamos ayer.
—No sobre esto.
Elena cruzó los brazos.
—Entonces habla.
Adrian la miró.
—No sabía que eras tú.
—¿Qué cosa?
—La arquitecta.
Elena soltó una pequeña risa.
—Claro que no lo sabías.
—Elena…
—No. Déjame terminar.
Su voz no era fuerte.
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Pero