cada palabra parecía pesar más que un grito.
—Durante tres años viviste conmigo y nunca preguntaste qué hacía.
Adrian bajó la mirada.
—Sé que cometí errores.
—No.
Elena negó con la cabeza.
—No fueron errores. Fueron decisiones.
Adrian no respondió.
—Decidiste no conocerme. Decidiste comparar mi vida con la de Sophie. Decidiste hacerme sentir que debía agradecerte por cada cosa que tenías.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Pero no lloró.
—Y ayer decidiste divorciarte de mí porque creías que yo no tenía nada.
Adrian cerró los ojos.
—Lo siento.
—Llegas