ocurrir. Al contrario. Mi cuñada, sintiéndose más cómoda que nunca, pidió otra botella de vino costosa. Uno de los hermanos de Chris agregó un corte de carne más grande porque, según dijo entre risas:
—Ya que estamos aquí y alguien más invita, hay que aprovechar.
Chris escuchó el comentario y no dijo nada. Yo tampoco. La cena siguió su curso. Y mientras todos comían tranquilos y satisfechos, me di cuenta de que aquella noche ya no se trataba del dinero.
Era una prueba. Quería ver hasta dónde llegaría la gente