el movimiento. Estiró la mano con firmeza y tomó esa cuenta antes de que llegara hasta mí.
—No —dijo con una sola palabra que cambió el rumbo de la conversación.
Chris se quedó mirando a su padre, boquiabierto. Mi suegro sostuvo la cuenta entre los dedos unos segundos y luego la dejó frente a su hijo con fuerza.
—Eso es tuyo. Tú lo pediste, tú lo pagas.
Chris intentó responder, tartamudeando:
—Papá, no es así… nosotros somos esposos y…
—Entonces explícame cómo es, Chris. Explícame por qué tu esposa tiene