tiempo te creí todo.
Me fui.
En el coche, mi padre no arrancó.
Nos quedamos los tres.
Papá.
Noah.
Yo.
Finalmente pregunté:
—Quiero saberlo todo.
Mi padre asintió.
—Mañana.
—No.
—Isabella.
—Hoy.
Noah miró a papá.
Mi padre soltó aire.
—Bien.
La primera sospecha había aparecido casi cuatro meses atrás.
Un auditor interno encontró pagos repetidos a empresas que no parecían tener actividad real.
No eran enormes individualmente.
Ciento veinte mil.
Ochenta mil.
Doscientos.
Cantidades suficientemente pequeñas para desaparecer dentro de un grupo empresarial gigantesco.
Pero repetidas.
Blue Harbor era