más que si hubiera empezado discutiendo.
—Bien.
—No parece.
—¿A qué viniste?
Miró hacia la puerta.
—¿Tu padre está escuchando?
—Probablemente.
—Necesito hablar contigo en privado.
—Esto es privado.
—Isabella…
—Quince minutos.
Su mandíbula se tensó.
—Retira a Morgan Holdings de la investigación.
Lo miré.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No soy quien dirige auditoría interna.
—Tu apellido está en el edificio.
—También el de mi padre.
—Puedes influir.
—¿Quieres que interfiera una investigación corporativa?
—Quiero que evites que destruyan mi empresa.
—Si tu empresa no hizo nada, sobrevivirá.
Silencio.
—No