Mi prometido llevó a su asistente a una cena y ella me arrojó vino encima. Él pensó que mi ruptura era otra escena de celos hasta que desaparecí de su empresa y de su vida

podía salvarla.

Miró la lluvia.

—Contigo no era así.

—No.

—Tú no me necesitabas de esa manera.

—Te quería.

—Lo sé ahora.

Respiró.

—Pero yo confundí ser necesario con ser importante.

Eso era dolorosamente honesto.

—Y cuando tú estabas celosa…

—¿Sí?

—Me tranquilizaba.

Lo miré.

—Eso es horrible.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque tus celos me demostraban que todavía te importaba.

Sonrió con vergüenza.

—Por eso dejé de tomarlos en serio.

—Exacto.

—Cuando dijiste que habíamos terminado pensé que era la versión más fuerte de la misma escena.

—Sí.

—Y fui