Mi prometido llevó a su asistente a una cena y ella me arrojó vino encima. Él pensó que mi ruptura era otra escena de celos hasta que desaparecí de su empresa y de su vida

cirugía menor.

Estaba en el sofá viendo televisión.

—¿Cómo salió la entrevista?

—Bien.

—¿Mencionaste a Adrian?

—No.

—Qué pena.

—Mamá.

—La historia vende.

—Ahora entiendo de dónde sacó papá su ética.

—Yo soy peor.

Nos reímos.

En una caja del estudio todavía estaban las dos copas.

A veces me preguntaba por qué no las había tirado.

La respuesta terminó siendo sencilla.

Porque no necesitaba destruir cada objeto para demostrar que había superado una historia.

Había cosas hermosas dentro de aquellos siete años.

Viajes.

Bromas.

Domingos.

Promesas que en su momento