sí fueron sinceras.
Una relación no se vuelve completamente falsa porque termine.
Solo deja de ser suficiente.
La última vez que Adrian y yo hablamos del matrimonio que no ocurrió fue casi diez años después.
Coincidimos en una cena.
Ya no había tensión.
Él estaba saliendo con alguien desde hacía dos años.
Una doctora llamada Emma.
Yo había decidido mantener mi vida romántica completamente fuera de conversación pública.
Nos sentamos un rato en una terraza.
—Emma quiere casarse.
Dijo.
—¿Y tú?
—También.
Sonreí.
—Felicidades.
—Gracias.
Parecía nervioso.
—¿Qué?
—Nada.
—Adrian.