Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

una habitación que su familia había intentado ocupar.

La lotería cambió mi vida de formas menos espectaculares de lo esperado.

Sí, viajé.

Sí, invertí.

Sí, trabajé menos.

Pero no me convertí en otra persona de un día para otro.

Durante un tiempo incluso mantuve mi empleo.

Después estudié planificación financiera.

Había descubierto algo que me obsesionaba: cuántas personas no sabían qué derechos tenían dentro de una pareja.

Cuántas firmaban documentos por presión.

Cuántas confundían amor con acceso.

Empecé a colaborar con organizaciones de educación económica.

Más tarde creé un pequeño