el banco necesitaba revisar los bienes que tendríamos después del matrimonio para concederle un préstamo.
Nunca me la devolvió.
—Daniel.
—¿Qué?
—¿Dónde está la escritura?
Su mirada vaciló apenas.
—En mi coche.
Extendí la mano.
—Tráela.
Patricia golpeó la mesa.
—¡Dentro de dos días vas a formar parte de esta familia y todavía estás desconfiando!
Entonces vi el dormitorio.
Mis prendas estaban sobre la cama.
Varias cajas junto a la puerta.
Habían empezado a vaciar mis armarios.
No habían venido a preguntarme nada.
Habían venido a mudarme.
Daniel bajó la