a ella.
Después habló Renata.
—¿Y sus acciones?
Mi padre contestó.
—Primero saquémosla del camino. Después arreglamos eso.
Santiago rio.
—Valeria siempre termina cediendo.
Renata agregó:
—Esta vez no tendrá elección.
El silencio posterior fue brutal.
Miré a mi padre.
Durante meses había imaginado ese momento.
Pensé que sentiría satisfacción.
No sentí nada parecido.
Solo cansancio.
—Yo te pedí que revisaras las cámaras —le dije.
Mi padre bajó la mirada.
—Valeria…
—Te supliqué.
—Yo intentaba proteger a la familia.
—Yo también era tu familia.
No respondió.
Tomás continuó.
Las copias