documentos de Jessica.
Y el mismo que, según Samuel, acababa de intentar acceder al patrimonio que mi abuela había reservado para proteger a mis hijos.
Pero antes de que pudiera hacer otra pregunta, mi teléfono recibió un mensaje de Brandon.
Solo contenía una frase.
«Mariana, no vayas al despacho de Whitmore. Hay algo sobre la muerte de la abuela que todavía no sabes».
Me quedé completamente paralizada.
Y por primera vez comprendí que aquella discusión por unas vacaciones de Año Nuevo podía ser apenas el principio de un secreto familiar