remordimiento. Me dejó sin un céntimo, sin una palabra de consuelo, con la única certeza del vacío que dejaba su ausencia. Tuve que luchar, trabajar incansablemente, construir desde cero una empresa de logística internacional, todo ello mientras cargaba a solas con la responsabilidad de cuatro corazones latiendo. Lloré hasta quedarme sin lágrimas en habitaciones frías; dudé, flaqueé, pero logré levantarme. Y hoy estaba aquí, no como la víctima destrozada que él esperaba exhibir para aplacar su propia culpa, sino como la reina indiscutible de mi propio destino.
—Esperabas verme sola,