yo firmaba contratos en Londres, convencido de que mi vida era perfecta.
Constance no respondió.
—Y este es Theo. Ayer estaba dispuesto a quedarse sin merienda para que su hermano pudiera comer.
Los ojos de Constance empezaron a humedecerse.
—No sabía que habían pasado por tantas dificultades…
—Porque nunca te molestaste en averiguarlo.
Preston recogió la fotografía.
—Nunca volverás a tomar decisiones sobre mi vida ni sobre la vida de mis hijos. Y tendrás que asumir las consecuencias de lo que hiciste.
Salió de aquella casa sin esperar una respuesta.