miré con un asco tan profundo que me ahogaba.
—Vete al diablo, Sandra.
Saqué mi teléfono con manos temblorosas y le marqué a Caleb. Contestó al segundo tono, con voz fastidiada:
—Rachel, te dije que estoy ocupado en…
Puse el altavoz frente a toda la sala:
—Tu madre me acaba de golpear en la cara y me estampó contra la pared en medio de la clínica. Los guardias ya la tienen retenida y la policía viene en camino.
Hubo un silencio sepulcral del otro lado de la línea.
—¿Qué? —balbuceó