el dinero robado apenas era el principio.
Pero antes de enfrentar a mi madre tenía que descubrir exactamente qué había hecho durante esos cinco años.
PARTE 3
Mariana me contó que doña Teresa la golpeaba “cuando desperdiciaba dinero”.
La frase ya era absurda.
Mi hija prácticamente no tenía dinero.
—Una vez compré una libreta —dijo.
—¿Y?
—Costaba ciento veinte pesos. La abuela dijo que había una de cincuenta.
—¿Qué hizo?
Mariana bajó la vista.
—Me pegó con un gancho de ropa en las piernas.
Tuve que levantarme.
Entré al baño