casa de mi madre.
Gritarle.
Exigirle respuestas.
Pero esa misma noche hablé con mi hermana Laura.
Cuando terminó de escucharme dijo:
—Voy a matar a mamá.
—No.
—Javier, hizo pasar hambre a Mariana.
—Lo sé.
Laura respiró durante varios segundos.
—Entonces vamos a destruir sus mentiras legalmente.
Eso sí tenía sentido.
A la mañana siguiente buscamos a Gabriel Salcedo, un abogado que llevaba asuntos familiares y patrimoniales.
Le mostramos transferencias, solicitudes de becas y los números falsificados.
Su consejo fue inmediato.
—No confronte todavía a su madre. Primero asegure las