Fui a regañar a mi hija por «malgastar» mi dinero y descubrí que la registraron como pobre: un recibo bancario destapó la trampa

la comida.

No tenía torta.

No tenía fruta.

No tenía siquiera una bolsa de papas.

Solo sostenía medio bolillo.

Lo mordía despacio.

Después envolvió la mitad restante en una servilleta y la guardó en su mochila.

(Continúa leyendo en la siguiente página)

Bebió agua de una botella rellenada.

Y se levantó.

Me escondí antes de que pudiera verme.

La seguí hasta una tiendita frente a la escuela. Mariana se quedó mirando los tacos de canasta durante unos segundos, metió la mano en el bolsillo, contó unas monedas y se fue