Mi hijo me internó en una residencia de ancianos para vender mi casa, hasta que su plan fracasó.

solo centavo.

—Arturo —le dije con firmeza—, mi hijo cree que a los sesenta y cuatro años soy un mueble viejo que puede guardar en una bodega para quedarse con mi dinero. Voy a darle exactamente lo que pidió: voy a dejar de estorbar en su futuro.

Gracias a que la propiedad estaba libre de gravamen y en la zona más cotizada del centro, una empresa constructora me hizo una oferta en efectivo con cierre exprés en cinco días, a cambio de un pequeño descuento sobre el valor comercial y