vi algo diferente.
Vi miedo.
—Papá, dime qué está pasando.
Manuel bajó la mirada hacia la llave.
La apretó con fuerza.
—Antes necesito que me prometas algo.
Fruncí el ceño.
—¿Qué cosa?
—Que no vas a actuar sin pensar.
Solté una risa amarga.
—¿Después de verlos durmiendo en un cobertizo mientras extraños ocupan su sala? ¿Quieres que piense con calma?
Mi padre cerró los ojos.
Parecía cansado.
Mucho más viejo que la última vez que lo había visto.
—No sabes toda la historia.
—Entonces cuéntamela.
Durante unos segundos solo escuchamos