estamos averiguando algo importante.
—¿Es nuestro tío?
—No.
—¿Doctor?
—Tampoco.
—¿Policía?
—No.
—Entonces no parece importante.
La técnica tuvo que ocultar la risa.
Santiago estaba al otro extremo de la clínica.
No se acercó sin permiso.
Eso lo registré.
Cuando las niñas terminaron, Lucía se quedó mirando.
—Hola.
Santiago pareció olvidar cómo hablar.
—Hola.
—Tú eres el señor que mira.
—Sí.
—Mamá dice que te llamas Santiago.
—Sí.
—¿Por qué tienes mi hoyito?
El hombre que negociaba contratos millonarios tardó ocho segundos en responder.
—Creo que hoy estamos averiguando eso.