más difícil.
Y más importante.
Una noche Valentina terminó en urgencias por una reacción alérgica.
Yo estaba en Campeche por trabajo.
Teresa me llamó.
—Está estable.
—¿Dónde está Santiago?
—Con ella.
Llegué tres horas después.
Lo encontré dormido en una silla.
Valentina estaba despierta.
—Mamá.
Corrí.
—¿Estás bien?
—Sí.
Señaló a Santiago.
—Papá no se fue.
La frase me atravesó.
Santiago despertó.
—Llegaste.
—Sí.
—Los médicos dicen que…
—Teresa me contó.
Me miró.
—Puedes irte si quieres.
—Me quedo.
—Santiago…
—No por ti.
Miró a Valentina.
—Por ella.
Asentí.
Esa