hizo.
Y yo tampoco volví con él porque siguiera siendo el padre de mis hijas.
Volví mucho después.
Cuando dejó de esperar que eso le diera derecho sobre mí.
La primera vez que estuvimos casados, Santiago pensó que la confianza significaba que yo debía demostrar mi inocencia.
La segunda vez entendimos algo mejor:
el amor no exige que la otra persona se defienda antes de ser escuchada.
Esa fue la diferencia.
Cuando el avión aterrizó, mi teléfono vibró.
Un mensaje de nuestro grupo familiar.
Sofía:
¿Ya llegaron?
Valentina:
Traigan comida.