a disminuir.
La mayoría de las familias ya había recogido sus verduras. Los voluntarios de la iglesia estaban llenando la furgoneta con cajas destinadas al comedor comunitario.
El inspector se acercó a mi padre.
—Señor Lindqvist, necesito preguntarle algo más.
—Adelante.
—¿Tiene usted algún registro de las personas que reciben estas verduras? ¿O de las donaciones que realiza?
Papá frunció ligeramente el ceño.
—No de todos. Algunas personas dejan dinero para las semillas. Otras traen herramientas, fertilizante o materiales para reparar la cerca. Pero nunca he llevado una contabilidad formal