Doce años.
Miré a mi padre, intentando recordar qué había estado haciendo yo doce años atrás.
En aquel entonces, todavía vivía a pocos kilómetros de su casa. Lo visitaba algunos domingos, le llevaba comida preparada y le preguntaba si necesitaba ayuda con algo.
Siempre respondía que no.
Yo pensaba que se había acostumbrado a vivir solo después de la muerte de mamá.
Jamás imaginé que, mientras yo creía que sus días transcurrían entre la televisión, el jardín y las reparaciones de la casa, él había construido silenciosamente una red de