Recordó los días en que apenas tenía dinero para comprar comida, las manos llenas de heridas y las noches en que pensaba que jamás volvería a confiar en nadie.
—Sí —respondió entre lágrimas—. Claro que sí.
Se casaron en un pequeño jardín, rodeados de familiares y compañeros de trabajo.
Don Arturo acompañó a Valeria hasta el altar.
Sofía llevó los anillos.
Ricardo estuvo presente, esta vez sin intentar dirigir la vida de nadie.
Alejandro vendió su departamento de lujo y compraron una casa con jardín.
En el refrigerador aparecieron dibujos