La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

olvidada.

Durante tres años había ido llenando aquella villa sin darme cuenta.

Pensé que sería difícil marcharme.

Pero cuando terminé de seleccionar lo realmente importante, todo cabía en una maleta mediana.

Aquello me dolió.

Tres años de vida.

Una maleta.

La mañana siguiente Ethan actuó como si nada hubiera ocurrido.

Preparó café.

Dejó mi taza junto al desayuno.

—Hoy llegaré tarde.

—Bien.

—Hay cena en el refrigerador.

—Bien.

—Nora.

Levanté la mirada.

—¿Qué?

—Deja de decir “bien” a todo.

Casi sonreí.

—Bien.

Su mandíbula se tensó.

Me fui al trabajo.