La tercera vez que aplazó nuestra boda, renuncié, vendí todo lo que me había regalado y volví al pueblo… un mes después, mi exjefe estaba recorriendo medio país buscándome

entregar mi dirección.

Él era el presidente.

Podía conseguirla.

Pero no lo hizo.

Esto lo supe mucho después.

Esa fue quizá la primera decisión correcta.

Llamó a mi mejor amiga.

—¿Dónde está?

—No voy a decírtelo.

—Soy Ethan Sterling.

—Y yo soy la persona que vio llorar a Nora en mi boda cuando agarró el ramo.

Silencio.

—¿Lloró?

—Durante veinte minutos.

Ethan colgó.

Después llamó a mi madre.

Ella contestó.

—¿Dónde está Nora?

—Lejos de ti.

—Señora Bennett…

—No.

—Necesito hablar con ella.

—Tuviste tres años.

—Esto es entre ella