no es una explicación que te favorezca.
—Lo sé.
—Podías haberme dicho.
—Lo sé.
—Podíamos decidir juntos.
—Lo sé.
Cada “lo sé” dolía.
—Entonces ¿por qué ahora?
—Porque cuando desapareciste comprendí algo.
Me miró.
—Yo pensaba que no necesitábamos casarnos porque tú siempre estarías.
Sentí un frío diferente.
—Ah.
—Sí.
—Así que no era confianza.
—Era arrogancia.
No lo corrigí.
Le pregunté por el preservativo.
Ethan palideció.
—Dios.
—¿Qué?
—Preferiría no hablar de eso.
—Ahora quiero.
—Nora.
—¿Me engañaste?
—No.
Respondió tan rápido que le creí.
—Entonces.
Se cubrió la